Se dice que los franceses no son muy aficionados a picar entre horas, pues prefieren comer sentados a la mesa. Pero esta regla tiene una excepción maravillosa: el goûter. Se trata de un momento gourmet a última hora de la tarde y hace las delicias de niños y adultos por igual. A continuación, te invitamos a descubrir el goûter, de dónde viene y cómo puedes disfrutarlo de primera mano.

Goûter

¿Qué es exactamente el goûter? 

El goûter (que significa literalmente «degustar») hace referencia a un tentempié dulce que se toma a última hora de la tarde y que marca una pausa importante al final de la jornada laboral o escolar. Originalmente, se creó para que los niños saciaran el hambre hasta la hora de cenar. Pero con el tiempo, se ha convertido en una costumbre para personas de todas las edades que deciden pasarse por la panadería para darse ese caprichito diario. Algunas de las opciones más populares son los cruasanes, el pain au chocolat, las empanadillas de manzana o el brioche con trocitos de chocolate o praliné. 

El origen del goûter 

Los orígenes de goûter son algo complejos, ya que se han visto influidos por las épocas de abundancia y de escasez. En el siglo XIX, las familias de clase alta de toda Europa adoptaron la tradición inglesa de la hora del té, que consistía en una comida social ligera por la tarde, aunque estaba reservada principalmente para la burguesía y la aristocracia.  

Después, durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez de alimentos afectó a todo el territorio francés. Los niños recibían sus raciones de comida al final de la jornada escolar, lo que supuso un complemento nutricional muy importante para los jóvenes del país. En la posguerra, el gobierno francés mantuvo esta tradición y, en 1954, se instauró la merienda escolar por ley.  

 

El goûter  a lo largo de los años

 En las últimas décadas, los gustos de las familias y las tendencias culinarias han hecho del goûter un auténtico fenómeno cultural. Pregunta a cualquier francés por el goûter y verás cómo le invade la nostalgia. En los años 70, una baguette con mantequilla y cacao en polvo era la típica merienda. En los años 80 y 90, se impusieron las cremas de avellana y chocolate. En los años 90 y los 2000, las mochilas escolares se llenaban de todo tipo de galletas y brioches con envoltorios individuales y coloridos. Hoy en día, padres e hijos se pasan por la panadería a comprar pan brioche, pain au chocolat, éclairs y otras delicatessens.

 

¿No eres un niño francés? No pasa nada. 

 Aunque este autor creció en Estados Unidos sin ningún tipo de goûter, ahora que soy adulto y vivo en Francia no perdono ese capricho a última hora de la tarde. En casa, me gusta cortarme una rebanada de baguette y llenarla de fruta y queso, e incluso un chorrito de miel, inspirándome en estas tostas de queso y pera. Con una cantidad generosa de mantequilla y mermelada de temporada casera, como este chutney de higos, también queda estupendo. Mientras que la crema de avellanas está hasta en la sopa, la crema de castañas francesa es un ingrediente muy infravalorado. Una madeleine y un espresso a media tarde son un placer sin igual, sobre todo si están recién hechos. No hace falta ser un niño francés para disfrutar de un momento de pausa vespertino. ¡Anímate a darte el gusto! 

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