Wine O’Clock: Árboles en los viñedos

Por Pierrick Jegu

Últimamente he estado rebuscando en mi biblioteca, entre mis primeras lecturas sobre el vino, antes de compararlas con las últimas obras publicadas. Si he sacado algo en claro es que, en el pasado, las palabras se ignoraban por completo, mientras que, en la actualidad, son noticia. Así sucede, sin ir más lejos, con términos como «biodiversidad» o «agrosilvicultura». Una señal...

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Si los autores incluyen estos términos en sus glosarios es porque los enólogos los utilizan cada vez más. Expresan verdaderas convicciones: al igual que muchos monocultivos, los viñedos pueden presentar desventajas, en particular un desequilibrio global del medio ambiente, la desaparición de ciertas especies, la propagación más rápida de enfermedades... Además, algunas personas, cada vez más numerosas en todas las regiones, plantan setos alrededor de sus parcelas, ¡e incluso árboles en el interior! ¿Por qué? Para fomentar una biodiversidad virtuosa y, por tanto, beneficiosa para la vid. Los beneficios de estas prácticas son innumerables. Esta vegetación es muy valiosa para limitar la erosión. En las zonas en pendiente, en ocasiones, la tierra, debido a una lluvia violenta, cae hasta el fondo de la parcela y arrastra con ella las vides, lo que puede evitarse plantando setos o árboles en los lugares idóneos. La vegetación también desempeña un importante papel en el microclima. La sombra que proyecta evita que las vides se quemen al sol. En ciertas regiones con fuertes vientos, como la tramontana en el Rosellón, también frena el viento y mitiga sus posibles efectos adversos. También tiene un impacto positivo en la estructura del suelo a través de la biomasa producida por las diferentes especies plantadas. Sin esta, no habría hábitat para una fauna diversa, que abarca también depredadores de las plagas de la vid, por ejemplo, el murciélago, que se alimenta de los gusanos de la uva en su estado de polilla. Para utilizar su sistema de sónar, necesita que un obstáculo, como la vegetación con cierta altura, le devuelva el eco para poder identificar y capturar a esta molesta polilla.

Describir la agricultura ecológica como una moda o una tendencia implica no reconocer la envergadura del desafío que requiere. Lo mismo ocurre con la agrosilvicultura y la biodiversidad: la práctica de la primera y el desarrollo de la segunda requieren compromiso, seriedad y rigor, sobre todo para una buena adaptación a cada terruño. Plantar en el perímetro de las parcelas o en su interior, árboles aislados o en hileras, una especie en lugar de otra... son muchos los interrogantes. En este punto, como en otros, no se trata de improvisar: ¡el planteamiento es a muy largo plazo!

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