Nuestras croquetas de roquefort son una deliciosa versión francesa de una de las tapas favoritas, con un crujiente rebozado dorado y un cremoso relleno de queso azul. Ideal para el aperitivo, como tentempié en una fiesta o para compartir con los amigos.
Las croquetas (a veces también llamadas «cromesquis») están experimentando un auténtico resurgimiento y aparecen en las cartas de todo tipo de locales, desde bares de tapas hasta modernos bistrós franceses. Aunque mucha gente las conoce como croquetas españolas, en realidad, este plato es de origen francés. La palabra «croqueta» proviene del verbo francés «croquer», que significa «crujir», en referencia a su capa crujiente y dorada. Las croquetas, elaboradas tradicionalmente con un relleno cremoso envuelto en pan rallado y fritas hasta que adquieren un color dorado, son ideales para compartir como aperitivo, entrante o una cena al estilo francés.
El ingrediente principal de esta receta es el roquefort DOP, uno de los quesos azules más emblemáticos de Francia y la denominación protegida del origen de un queso más antigua del mundo. Elaborado exclusivamente con leche cruda de oveja y madurado en las cuevas naturales de Roquefort-sur-Soulzon, en el sur de Francia, el roquefort aporta un sabor ácido característico y una textura cremosa que se funde a la perfección con la bechamel. La calidad de los ingredientes básicos también es importante: La mantequilla francesa permite obtener un roux intenso y sedoso, mientras que la harina de trigo francesa ayuda a conseguir esa textura suave y aterciopelada que da a las croquetas su característico interior cremoso.
¿Te apetece vivir una aventura? Añade un puñado de nueces de Grenoble DOP al relleno para darle un toque crujiente extra y un sutil sabor a nuez que combina a la perfección con el queso azul. También puedes rehogar a fuego lento unas cebollas de Roscoff DOP cortadas en dados finos antes de incorporarlas a la bechamel, lo que aporta un delicado toque dulce que equilibra la intensidad del roquefort. Si te gusta esta receta, no te olvides de probar también nuestra receta de croquetas de camembert y alcachofas.
👨🍳 Consejos de cocina: Para conseguir una capa extracrujiente, puedes rebozarlas dos veces repitiendo el paso del huevo y el pan rallado. Estas croquetas también se pueden preparar con antelación y congelar antes de freírlas; basta con freírlas sin descongelarlas, añadiendo uno o dos minutos más al tiempo de cocción.
Tiempo de preparación
Ingredientes Para
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Para el relleno
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70 g
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70 g
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400 ml
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1 pinch
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al gusto
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Para el rebozado
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75 g
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2 (batidos)
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120 g
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(para freírlas)
Preparación
1
Derrite la mantequilla a fuego lento en una cacerola. Añade la harina de una sola vez y bate sin parar durante unos 5 minutos hasta obtener una roux homogénea. La harina debe estar bien cocida y desprender un ligero aroma a galleta.
© Myriam Baya
2
Vierte la leche poco a poco, sin dejar de batir para que no se formen grumos. Sigue cocinando a fuego medio-bajo durante unos 10 minutos, removiendo con frecuencia, hasta obtener una bechamel muy espesa y homogénea que se despegue de las paredes de la cacerola.
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3
Retira la cacerola del fuego. Añade el roquefort desmenuzado y la nuez moscada rallada, y remueve hasta que el queso se haya derretido por completo en la mezcla. Pruébalo antes de sazonarlo, ya que el queso ya aporta bastante sal.
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4
Vierte la mezcla en un recipiente poco profundo y coloca una lámina de film transparente directamente sobre la superficie para evitar que se forme una costra. Déjalo en la nevera durante al menos 2 horas, o hasta que esté completamente firme.
5
Una vez enfriada, saca pequeñas porciones de la mezcla y dales forma de bolitas o cilindros cortos con las manos ligeramente enharinadas.
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6
Reboza cada croqueta en harina, sumérgela después en el huevo batido y, por último, rebózala generosamente en el pan rallado hasta que quede completamente cubierta.
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7
Calienta el aceite para freír a 180 °C. Fríe las croquetas en pequeñas tandas durante 2 o 3 minutos hasta que estén doradas, crujientes y con un color uniforme.
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8
Sácalas con una espumadera y escúrrelas sobre papel de cocina. Sírvelas inmediatamente, mientras aún están calientes y se derriten por dentro.
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