ARTÍCULO

Green lineas: En las ciudades francesas, las abejas proliferan

Jill Cousin Por Jill Cousin , Editor 01.04.2022
Green lines: French cities are buzzing...

En Francia, los apicultores tanto profesionales como aficionados se multiplican en las urbes, donde estos insectos instalan ahora sus colmenas. Descubrimos cómo estos preciados polinizadores liban las flores de las aceras y los campos circundantes para ofrecer una producción local e integrada. 

A mi llegada, Jamie Lozoff revolotea entre las colmenas. Su ligero acento me zumba en el oído. El destino de esta joven, que creció en la ciudad de Filadelfia (EE. UU.). cambió durante una visita escolar a un apicultor local. De vuelta a casa, montó una colmena en su instituto y, posteriormente, fundó un club de apicultura. Con la película Amélie, Jamie se enamora de Francia y, tras su bachillerato, se traslada a las Cevenas para trabajar junto con una pareja de apicultores. Desde entonces, la joven se ha trasladado a Marsella. Su treintena de colmenas se reparte ahora entre parcelas de asociaciones y jardines privados, desde el sur hasta el este de la ciudad de Marsella. Aunque la apicultura nunca abandonó realmente las ciudades, desde mediados de los años 2000 ha vuelto con fuerza, incluso en la mayoría de los grandes centros urbanos. Según el censo de 2019 del Ministerio francés de Agricultura y Alimentación, París contaba con 2631 colmenas gestionadas por 284 apicultores, frente a tan solo 200 o 300 en 2010*. En contra de la creencia popular, la productividad y la calidad de las colmenas urbanas no tienen nada que envidiar a las de las zonas rurales. Así, las mieles de la capital francesa proceden de una gran variedad de especies vegetales, como manzanos, tréboles, tilos, enredaderas de Virginia, etc. 

Pero ¿a qué se debe este auge? En 2017, el diario francés Le Monde publicó un artículo en el que informaba de la práctica desaparición de las abejas en Europa. Este fenómeno se debe principalmente al uso generalizado de pesticidas químicos y a la creciente urbanización, que ha ido mermando los hábitats naturales de las abejas, si bien la polinización proporciona alrededor del 50 % de la alimentación humana, permitiendo la producción de frutas, semillas, etc., por lo que no es de extrañar que un puñado de urbanitas ilustrados haya decidido introducir colmenas en sus casas, en los tejados de sus edificios o en los jardines públicos.
Además, cabe destacar que las ciudades también favorecen el bienestar de las poblaciones de abejas, dado que el uso de pesticidas es mucho menor que en el campo. Tomando nota de esta observación, la ciudad de París inició en 2001 una política de reducción del uso de estos productos en sus espacios verdes y, desde 2007, apuesta por una política de «cero productos fitosanitarios» en todos sus parques, jardines y cementerios, propiciando así una perspectiva aún más ambiciosa.
Desde el 1 de enero de 2017, con la aplicación de la ley Labbé, las autoridades locales, las instituciones públicas y el Estado no pueden utilizar o permitir la utilización de pesticidas para el mantenimiento de espacios verdes, bosques o paseos accesibles o abiertos al público, tanto del ámbito público como en el privado, una especificidad francesa y la expresión concreta de una preocupación mundial. Otras ciudades como Nueva York, Toronto y Londres también bullen con la presencia de millones de polinizadores en su territorio e ilustran que la convivencia es posible entre abejas y urbanitas. 

*Según un estudio de la École Normale Supérieure de París.  
www.environnement.ens.fr/IMG/pdf/4-apiculture_urbaine___redaction-pre30juin.pdf 

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