Educar al gusto en las escuelas

Por Jill Cousin

En Francia, los centros escolares que se preocupan por enseñar a comer mejor desde la infancia son cada vez más numerosos. Convencidos de que la alimentación puede cambiar el mundo y de que todo empieza a la más corta edad, organizan talleres prácticos y pedagógicos para concienciar a los más pequeños.

Greenlines: Learning good eating habits in the classroom

Esa mañana, en la escuela Air Bel, en el norte de Marsella, los alumnos jugaban a las adivinanzas. Una educadora había traído unas semillas y los más pequeños tenían que adivinar de qué verdura se trataba. Las respuestas de los alumnos no se hicieron esperar e iban desde las semillas de zanahoria microscópicas a los glomérulos de remolacha, pero no se jugaban ninguna nota. El objetivo consiste, ante todo, en que los niños conozcan la diversidad de las verduras y su ciclo de vida, porque muchas personas ni siquiera sospechan que, antes de acabar en sus platos, estos vegetales fueron plantados, mimados por los hortelanos y luego recogidos y transportados a la ciudad.

Este es el primer taller impartido por la École Comestible en Provence. La asociación, fundada en 2019 por la periodista gastronómica Camille Labro, trabaja con clases desde el jardín de infancia hasta quinto de primaria. ¿El objetivo? Convertir la educación alimentaria en parte integrante del currículo escolar mediante la participación de los alumnos en el cultivo de un huerto en el seno de la escuela, así como la puesta en marcha de talleres culinarios y de sensibilización impartidos por hortelanos, artesanos del gusto o chefs comprometidos con la cocina sana, sostenible y accesible. A lo largo del curso escolar 2020-2021, la asociación sensibilizó a 1000 alumnos en el marco de alrededor de 235 talleres.

El proyecto de la École Comestible se inspira en The Edible Schoolyard (literalmente, «el patio comestible», creado en 1995 en Estados Unidos por Alice Waters. Para la chef y activista estadounidense, el futuro pasa por una «revolución deliciosa», que empieza en las aulas. Desde la creación de su primer huerto comestible en Berkeley (California), más de 5000 escuelas de todo el mundo han creado espacios donde los niños cultivan, cocinan y disfrutan juntos de verduras, hierbas y otros alimentos.

En la misma línea, la Fondation pour l’Innovation et la Transmission du Goût, bajo el paraguas de la Fondation Agir Contre l’Exclusion, también interviene regularmente en los centros escolares para contribuir a la lucha contra la desigualdad social y la exclusión en el ámbito de la alimentación. En Francia, como en los países menos privilegiados, la prioridad es alimentar a los niños lo mejor posible.

No en vano, el concepto de huerto escolar, lejos de ser nuevo, existe desde hace siglos. Ya en el siglo XVIII, Jean-Jacques Rousseau defendía la importancia de integrar la naturaleza y la ciencia de la alimentación en la educación. No obstante, el reto actual es integrar estos valores hortícolas, agrícolas y culinarios en el currículo académico. Sin duda, una forma más de motivar a nuestros hijos en la escuela y, quién sabe, ¡fomentar su vocación!

Colaborador

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