Entre jerga pseudoprofesional y notas de corte, en ocasiones, al discurso sobre el vino le falta humanidad. Un sinsentido en muchos aspectos. 

The dark side of wine

Cuando se trata de citar o de comentar un vino, algunas personas aún siguen practicando el esnobismo de los puristas, de quienes usan un vocabulario culto, incomprensible para el resto de los mortales. A menudo diseccionan el vino sin apenas probarlo; en lugar de dejarse llevar por él, los vemos encasillándolo en una plantilla de lectura normalizada, pendientes del menor defecto que pueda hacer que se salga de los cánones esperados. El análisis en toda su frialdad. Peor aún, sus oscuros comentarios van acompañados de notas. Sí, sobre 10, sobre 20, sobre 100, estos «expertos» califican los vinos como si se tratase de un ejercicio de matemáticas. Tremendamente simplista. ¿Cómo se puede transcribir un placer o una emoción simplemente cuantificándolo? 

Esta dictadura de los números, tan presente en nuestras sociedades, me deja totalmente perplejo. Se trata de un eufemismo. La nota tiene la brutalidad del corte a cuchillo, sin matices. En el apogeo de Robert Parker, el célebre crítico estadounidense ahora retirado, los vinos de Burdeos solo se describían a través del 89, 90 o 95/100 otorgado por el «maestro». Apurando un poco, la nota impuesta a todos es casi un abuso de poder; coloca al catador en la postura de un juez, por encima del propio viticultor.
Sin embargo, ¿no es la cata más bien un encuentro entre un vino, que puede tener sus matices, y una persona de quien sería ilusorio pensar que no tiene los suyos? En otras palabras, ¿el mismo vino catado un día tendría necesariamente la misma nota al día siguiente? Lo dudo. Además, este método juzga única y exclusivamente el producto acabado. Las mismas personas que sostienen que el vino es una cuestión cultural o incluso patrimonial lo evalúan como un producto de fábrica, como una lavadora sometida a un banco de pruebas. Es ignorar su contexto, su historia, su terruño, su geografía, la añada, el clima...
La cata de un vino también requiere saber captar todos estos parámetros y, sobre todo, la filosofía de quien lo elabora.
Afortunadamente, mucho más que una nota y más allá de una jerga que solo entienden sus adeptos, cada idioma posee todas las palabras necesarias para decir, describir y explicar un buen caldo con precisión y sensibilidad. 

Colaborador

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